De abogados a viticultores en la Patagonia: la chacra recuperada que se convirtió en la bodega Arrayán

📅 31/07/2026

En el Alto Valle de Río Negro hay vinos que nacen de la terquedad y la paciencia. Ese es el caso de Arrayán, un proyecto que nació de la decisión de dos abogados de invertir el rumbo de sus vidas. Ignacio Pujante, neuquino, y Anabella Razetto, porteña, son las mentes detrás de una iniciativa que comenzó a tomar forma entre 2018 y 2019 y que recién hoy empieza a dar sus primeros frutos.

“No venimos del vino, elegimos el vino”, sostiene Ignacio para resumir una idea que guía cada elección del emprendimiento.

Para transformar el deseo en realidad, la pareja se rodeó de un grupo de especialistas: los ingenieros agrónomos Marcelo Canatella y Fernando Enfarrell, el enólogo Mario Lascano, el encargado de chacra Miguel y la responsable de bodega Soledad. Con ellos, los productores se lanzaron a la búsqueda de un terruño único.

El hallazgo: una chacra abandonada entre Allen y Guerrico

Después de explorar distintas alternativas, la búsqueda se detuvo en un predio de 10 hectáreas ubicado entre Allen y Guerrico. La propiedad había quedado en el abandono durante décadas, pero bajo los matorrales todavía sobrevivían restos de un viejo viñedo. “Recorriendo la chacra todavía aparecían algunas plantas de vid que seguían brotando”, recordó el productor. Esas señales fueron decisivas.

Recuperar la finca fue una tarea titánica. El equipo debió:

Nada de lo que se hizo fue al azar. En lugar de elegir solo variedades conocidas, optaron por combinar Malbec, Pinot Noir y Cabernet Franc con distintas selecciones clonales, pensadas para cada parcela. Esa lógica permite trabajar cada sector por separado y, llegado el momento de los cortes, contar con más herramientas para lograr un vino complejo y equilibrado.

“El vino está pensado desde su diseño para una producción limitada y de alta calidad”, explica Ignacio.

Una cosecha esperada durante siete años

Las primeras vides se pusieron en tierra en 2022 y la plantación total de las 10 hectáreas se completó en distintas etapas. Recién en 2025 se logró la ansiada primera cosecha. Esa vendimia dará lugar a unas 4.500 botellas, distribuidas en cuatro etiquetas y dos líneas comerciales: Arrayán y Gran Arrayán. La salida al mercado está prevista para julio, y para la cosecha siguiente se proyectan alrededor de 10.000 botellas.

El potencial del viñedo es mucho mayor. Con cerca de 50.000 plantas implantadas, la chacra podría llegar a producir unas 80.000 botellas anuales. Pero los dueños tienen otro plan. La intención es estabilizarse en un rango de entre 15.000 y 20.000 botellas por año. “No nos apura el volumen ni la necesidad de vender más; queremos lograr vinos que expresen el potencial que sabemos que tiene esta región”, afirma Pujante.

La influencia del Alto Valle en cada copa

La elaboración acompaña la misma lógica. Los vinos pasan en parte por barricas nuevas de roble francés, pero la proporción de madera varía según la etiqueta y la añada. El objetivo no es dominar el fruto, sino permitir que el terruño se exprese.

El clima árido, la amplitud térmica entre el día y la noche, el viento constante y la buena sanidad de los viñedos se combinan para producir uvas con frescura y concentración. De hecho, quienes quieran acercarse a esta región pueden encontrar vinos con carácter en una selección de vinos Malbec muy interesante.

Arrayán: un nombre que evoca los bosques patagónicos

La marca eligió su nombre en honor al Arrayán, un árbol de los bosques andino-patagónicos cuya madera conserva una frescura natural. Esa imagen se transformó en el símbolo de un estilo que busca destacar por la pureza del fruto y por las condiciones del vino. “Son vinos frescos, con muy buena concentración y con características propias del Alto Valle”, sintetiza Ignacio.

Hoy, la producción se realiza en bodegas de terceros con equipamiento propio, pero el sueño es construir una bodega propia en la misma chacra para recibir a los visitantes. “Esperamos tener una bodega propia para que quienes quieran acercarse puedan conocer el viñedo y degustar los vinos en el lugar donde nacen”, anuncia el productor.

Para entender el trasfondo de esta actividad, también puedes explorar libros sobre viticultura que profundizan en el arte de cultivar la vid.

La filosofía de un proyecto que no corrió detrás de las modas

La historia de Ignacio y Anabella demuestra que no hace falta venir de una familia vitivinícola para crear un vino con identidad. Hacen falta enfoque, tiempo y una enorme dosis de paciencia. “Elegimos todo el proceso, desde trabajar la planta hasta compartir una botella. Sin esa pasión sería muy difícil sostener una actividad que requiere tantos años de trabajo”, concluye Pujante.

De abogados a viticultores en la Patagonia: la chacra recuperada que se convirtió en la bodega Arrayán

Contenido original en https://www.eldestapeweb.com/sociedad/compraron-chacra-abandonada-patagonia-hoy-producen-uno-vinos-ricos-2026730134527

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